INTERVENCIONISMOS – ciclo de performances

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“Aparato represivo en acción: de la subversión al populismo”
La etiqueta “subversión” y de “ser parte de la subversión” en los años setenta eran dos andariveles que circulaban paralelos, a veces se tocaban y otras se mezclaban. El aparato represivo cubría ambos circuitos: el ideológico y el de militarización de las organizaciones guerrilleras. Ya los paramilitares anticomunistas amenazaban, perseguían y asesinaban a profesores universitarios, legisladores, gremialistas, escritores, intelectuales, docentes, por el sólo hecho de estar sospechados de “izquierdistas”. Luego la dictadura militar consolida una forma de reprimir y hacer desaparecer a ciudadanos integrantes de la guerrilla militar, o con algún grado de compromiso con los derechos humanos, laborales, estudiantiles, etc.
El “populismo”, es un término amplio y ambiguo para forzar a categorizar a una forma de sistema político e ideológico -opuesto al modelo de la democracia neoliberal- cubriendo una diversidad de gobiernos democráticos plebiscitarios con sus diversos grados de hegemonía, o ya sea, de tipo autoritario a dictatorial, como una amenaza a los valores de una verdadera democracia institucional amparada por el capitalismo neo liberal y las grandes corporaciones mediáticas. Para el aparato represivo actual en acción -aliado a los medios de comunicación imperantes, el foco a combatir es todo aquello que represente alguna idea (aún siendo moderna) pero con aroma popular, local o nacional que no encuadre con el perfil del marketing de un ciudadano vacío de sentido, formalizado a partir de la destrucción de los contenidos ordenadores de los que fueron continente, en otro tiempo, los partidos políticos ya desaparecidos.
La protesta social en sentido amplio, las ocupaciones y marchas por despidos en la industria, la participación ciudadana en el reclamo de diversas demandas en la vía pública, son los emblemas reconocibles por el nuevo sujeto represor. Son a los que hay que perseguir, eliminar en los años que corren del siglo XXI.
Diego Melero, 14 de septiembre 2017.

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